El Gobierno está empeñado en que la generación de energía con biomasa no sea viable en España, para ello ha tomado dos medidas:

Primero con la no actualización de las primas con el IPC y segundo condenándo a la biomasa a ir a tarifa.
Estas medidas dan un golpe definitivo a la generación de una energía limpia que trabaja con recursos nacionales y que reduce importaciones de combustibles fósiles, prefieren que el empleo lo creen los que tienen grifos de oro en sus yates a que se cree en España.

Con la primera medida multiplica el trato injusto que la biomasa recibe del Gobierno, pues como necesita combustible para la producción la exposición a la inflación anual es muy grande.

Respecto a la segunda medida, hasta ahora la inmensa mayoría de los productores de energía a partir de las biomasas (en torno al 82%) vendía su producción a precios de mercado (pool) puesto que el precio de mercado permitía sumar la prima. Con la medida ahora impuesta todos esos productores deberán ir obligatoriamente a precios de tarifa, puesto que los números a precio de mercado eléctrico convierten en absolutamente inviable la mera supervivencia de las plantas. Esto supone un nuevo recorte de su ya exigua rentabilidad, que se suma a los efectos negativos de la nueva y reducida actualización por un IPC muy reducido, y a la dura carga del impuesto del 7% con que el Gobierno grava la producción desde hace poco.

instalaciones de biomasa en madrid

Por eso el sector viene defendiendo hasta la saciedad, sin recibir hasta ahora ninguna comprensión por parte del regulador, la necesidad de que de una vez por todas se le permita internalizar los beneficios que produce. Algunos de estos beneficios son compartidos por el resto de renovables (empleo, incremento de ingresos públicos, reducción de contaminación y de costes de emisión, etc.) si bien las biomasas los producen con mayor intensidad. Pero hay otros beneficios, que justificarían aún más la exclusión de la biomasa de la intención del gobierno de congelar la actualización de primas: los singulares beneficios añadidos, que solo se inducen en la biomasa, como son la creación intensiva de empleo y actividad en los sectores agrícola, ganadero y forestal, su singular capacidad de ahorrar costes de extinción de incendios forestales o de aprovechar sin emitir a la atmósfera, el biogás producido por la enorme cantidad de residuos que se generan  en los sectores agrícola y ganadero.

No puede el Gobierno olvidar que el mayor problema de nuestra sociedad es actualmente el enorme desempleo generado por la crisis. Pues bien, si las plantas que había en proyecto antes de las durísimas medidas del Gobierno (biomasa, biogás y FORSU), pudieran asegurar una mínima viabilidad y se pusieran en marcha, generarían más de 80.000 empleos, entre los cuales habría casi 7.000 para el mantenimiento de las plantas a lo largo de su vida útil y cerca de un millar directamente en el ámbito rural, ganadero y forestal.

Mientras en los países desarrollados la generación de energía limpia a través de las biomasas ocupa un lugar destacado en el mix energético respectivo, en España durante los últimos meses se le ha venido reduciendo inexorablemente a una industria inviable. El Gobierno debe, de una vez por todas, diseñar el necesario marco normativo que permita de una vez por todas el desarrollo de las biomasas en España, y que internalice definitivamente los beneficios que produce este sector para reconocer así que el balance es claramente positivo.

Desde nuestra empresa apostamos por la Unión por la Biomasa